Propiedad intelectual

2016
04.24

Registro de la propiedad intelectualLa respuesta ha tardado ocho meses en llegar a mi buzón. Las otras vidas de las cosas, el libro que salió de la investigación llevada a cabo con ayuda de este blog, ya consta oficialmente en el registro general de la propiedad intelectual. Parece que ya solo queda una última cosa: dar con una editorial que lo quiera tratar con cariño.

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Los recuerdos de las cosas

2015
10.12

Puede que nos desconcertase la inconcreción de la eternidad. Que nos aterrase la idea los hechos se sucediesen sin más, sin que tuviésemos manera de ordenarlos con respecto a nosotros mismos. Quizá por eso inventamos el tiempo. Como complemento de la memoria. Como herramienta imprescindible para fijar nuestros recuerdos.

Correspondencia de Joaquín Figuerola a Enriqueta Galiano
Armados hasta los dientes de horas, minutos y segundos, hemos pautado el acontecer para poder decirnos en qué parte de él nos encontramos. Nos gusta hacer doble check con la realidad. Grabarla. Fotografiarla. Guardarla en un bolsillo para poder después contemplarnos en ella. Exceptuando el botón de Me gusta, no hay gran diferencia entre un selfie y una pintura rupestre. Se trata en ambos casos de doblar las páginas del tiempo para cuando necesitemos recuperar un pasaje. De sembrar el recorrido de migas de pan a sabiendas de que somos propensos a extraviarnos.
Al final, casi tanto como las imágenes que dejamos, dicen de nosotros el teléfono o el palo con los que las tomamos. Una fotografía, una agenda, un diario… Esa es la forma que tiene para nosotros el hilo de Ariadna. Un vídeo, una placa conmemorativa, un libro de poemas… Objetos a los que transferimos copias de seguridad de nuestra memoria. Señales que vamos insertando en el acontecer para que luego nosotros mismos o los que vienen detrás podamos pasarnos el resto de la vida interpretándolas. De eso trata, sobre todo, el libro con el que he estado peleando durante los últimos años. De la memoria de las cosas.

Dos historias en un mismo objeto

Una foto publicada por Pau (@pauinthecloud) el


En el exterior la cosa que hoy en día son las cartas de Joaquín Figuerola, todavía es posible advertir otras señales, además de las que él mismo imprimió en ellas. La superficie de algunos de los sobres que componen el lote alberga unas anotaciones enigmáticas:

4-10
5-10
7-10

Tanto la tinta como la caligrafía con las que está escrita esa serie de dígitos son distintas de las de Joaquín. En algunos casos, la inscripción contiene palabras esclarecedoras:

la e recibido 30-10 17-10

Es así como se vislumbra, por encima de la de Joaquín, la mano de su amada. La otra historia, la que solo el objeto conocía, se hace visible. Con ella, quedan al descubierto las anotaciones con que Enriqueta intentó organizar su correspondencia apuntando en el exterior de cada carta la fecha en que fue escrita y, en ocasiones, también el día en que la recibió. Sus notas escuetas llevan a pensar que a buen seguro en plena guerra el correo no funcionaría con regularidad. Que probablemente recibiría algunas cartas antes que otras escritas con anterioridad y que un porcentaje de ellas no llegaría jamás. Permiten imaginarla esperando noticias, revisando una y otra vez a sus propios códigos para hacer el cálculo exacto de los días que llevaba sin saber de su prometido e intentar adivinar sus movimientos desde entonces. Esos dígitos que podrían pasar desapercibidos son el mejor retrato de una mujer que espera y que sufre. Un testimonio fiel que el objeto recogió de ella y que ahora, con un poco de ayuda, devuelve a la luz.

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96º cumpleaños de Amado Figuerola

2015
09.19

Hoy, 19 de septiembre, Amado Figuerola habría cumplido 96 años. Aunque él hace tiempo que se fue, la fecha sigue aquí, entre nosotros, para que podamos recordarle. Las líneas que vienen a continuación estuvieron entre las primeras candidatas a formar parte del libro que acompaña a este proyecto y, si bien acabaron siendo excluidas cuando la obra perdió la narración en primera persona, todavía ayudan a explicar el origen de esta expedición al centro de la memoria. Va por el chico de la foto. Porque aún le recordamos y porque tanto después sigue siendo Amado.

Amado Figuerola

Da la sensación de que somos torpes midiendo presencias. Incapaces de medir el espacio de los que tenemos alrededor mientras todavía lo ocupan. Por alguna razón, se nos da mal calcular las dimensiones de las cosas que todavía duran. Somos más diestros, por lo general, estableciendo el perímetro de la ausencia. Es palpando el vacío como averiguamos con exactitud las dimensiones que tenía cuando estaba lleno. Nos resulta más fácil ubicarnos en el pasado.

La rutina es un armisticio general que se alcanza a partir de pequeñas treguas. Para alcanzar esa paz a menudo hay que firmar demasiados pactos, transigir con excesivos silencios. La calma en que nos instalamos se asienta sobre demasiados sobreentendidos. Amado Figuerola, mi abuelo, murió cuatro días antes de mi 19 cumpleaños, sin que hasta entonces se me hubiese pasado por la cabeza preguntarle quién era. Ocurrió entonces que en lugar de las preguntas, lo que se llevó con él fueron las respuestas. Sin el antídoto de su presencia, en el sitio que él había habitado florecieron los interrogantes.

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Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas

2015
08.30

antonio figuerola (2)

El chico de la foto es Antonio. Forma parte de mi círculo más íntimo y, al mismo tiempo, es un completo desconocido. Crecí viendo esta misma imagen colgada en una de las paredes de casa de mis abuelos, donde sigue a día de hoy. Antonio, es decir, su retrato, era uno más en la familia. Lo veía y lo escuchaba todo desde el interior de su marco. Se hablaba de él como si se hubiese ausentado. Era el hermano mayor de mi abuelo. Desapareció mientras servía en el ejército republicano y nunca se supo qué fue de él. Este cuadro lo encargó su madre para poder seguir viéndole todos los días. Ella nunca renunció a la esperanza de que algún día volviese. Él tenía 21 años cuando lo desaparecieron.

Hoy, 30 de agosto, es el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Pero en España hay poco que celebrar. Seguimos defendiendo la medalla de plata en personas desaparecidas, solo por detrás de Camboya. Sirvan, al menos, estas líneas para recordar a Antonio y a todos aquellos a quienes, como a él, se les arrebató la posibilidad de volver.

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Un paso más

2015
08.23

12 años desde la primera línea a la última bien merecen un debut en el registro de la propiedad

Una foto publicada por Pau (@pauinthecloud) el

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El papel de los comisarios políticos en la guerra civil española

2015
02.28

Men in Battle, Alvah Bessie

En los últimos meses de la guerra, mi abuelo fue nombrado comisario de compañía en el ejército republicano. Tenía 19 años y nunca más quiso hablar del tema. Aunque, según decían en la familia, su silencio fue lo que le permitó salvar la vida o al menos escapar de un castigo si cabe más cruel, lo cierto es que la muralla que construyó alrededor de su participación en la guerra también impide saber en qué consistió exactamente su labor como comisario.

Hoy, en el libro Men in Battle, de Alvah Bessie, he encontrado esta referencia sobre el papel de los comisarios, en este caso referida a las Brigadas Internacionales y escrita en un tono ensalzador que evidentemente no nace de la objetividad:

“No éramos un ejército de autómatas bajo la autoridad absoluta de un mando incuestionable. Éramos un ejército de hombres responsables y pensantes. Elegíamos a nuestros delegados políticos —oficiales que no existen en ninguno de los ejércitos controlados por los poderes económicos de las así llamadas democracias. Estos delegados políticos, llamados comisarios, eran nuestros responsables. A petición suya o nuestra, se convocaban reuniones donde cada problema de comida, ropa, alojamiento, órdenes militares, correo, tabaco (o en gran medida la ausencia del mismo). La opinión de la mayoría mandaba; la obligación del comisario era encargarse de que los abusos y las quejas fuesen trasladados a la autoridad correspondiente, así como implementar la voluntad de los soldados y los deseos de los mandos. Su obligación era explicar —y la nuestra entender— la dirección de la guerra, el significado de los acontecimientos —políticos, económicos, sociales y militares— dentro y fuera de España. A ellos se les confiaba la educación política de los soldados, que era de un nivel elevado entre los internacionales e iba progresivamente en aumento entre los españoles a medida que la lucha se encarnizaba. Eran soldados que no solo sabían obedecer, sino que además entendían las razones por las que lo hacían y la disciplina rígida que los distinguía en acción era autoimpuesta dentro de los límites razonables.”

Alvah Bessie fue un guionista de Hollywood que dejó en Estados Unidos mujer e hijos para alistarse como voluntario en el ejército republicano. El libro Men in Battle es uno de los testimonios más significativos acerca de las Brigadas Internacionales y, en concreto, del papel de los voluntarios norteamericanos en ellas. Años más tarde, con la caza de brujas instigada por el senador McCarthy, Bessie se convirtió, para su desgracia, en uno de los llamados diez de Hollywood, y pagó su compromiso político con diez años de cárcel y con una condena perpetua al ostracismo profesional. Su historia aparece en el documental de Oriol Porta Hollywood contra Franco.

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La última carta de Enrique Vañó Nicomedes

2015
02.07

En octubre de 1936 mi abuelo, Amado Figuerola, dejó el oficio de vaquero para convertirse en auxiliar del departamento de Propaganda y Prensa del recién creado Consejo Económico Político y Social, órgano controlado por las fuerzas revolucionarias que reemplazó al Ayuntamiento de Alcoy. La persona que dirigía el departamento y a la que mi abuelo debió su contratación era su amigo y vecino Enrique Vañó Nicomedes, secretario general de la federación local de la CNT, líder autodidacta y director del Centro de Estudios Sociales, una escuela a la que los obreros acudían en busca de los conocimientos en los que veían un instrumento para liberarse de sus cadenas.

Consejo Económico Político Social de Alcoy. Nombramiento de auxiliar de Propaganda y Prensa

Vañó, que había sido de las personas más visibles durante la época revolucionaria, fue también de los primeros en caer. Hallado culpable de un delito de “adhesión a la rebelión” por un consejo de guerra, fue ejecutado en Alicante en agosto del 39. El libro de Àngel Beneito Evaristo Botella o la justícia dels vencedors reproduce la carta que escribió desde la cárcel de el Sueco antes de su asesinato. Sus últimas palabras parecen escritas apretando los dientes, contienen la impotencia de quien no tiene más remedio que acatar sentencias de verdugos, la rabia de quien no quiere morir y a pesar de ello busca la serenidad de los desahuciados. Tenía 28 años y dejó mujer y un hijo pequeño:

¡Se ha consumado el crimen! La fiera necesita sangre, necesita alimentarse devorando víctimas, destrozando hogares, sembrando el dolor y el hambre por doquiera. También yo he servido de pasto a la bestia política. Uno más ¿qué importa? ¡Han caído, caen y caerán tantos…! Los que se llaman cristianos, entes que se dicen devotos, creyentes, que se confiesan y comulgan, claman a voz en grito venganza (…). El cristianismo, al decir de sus exégetas, es bondad, dulzura, mansedumbre, amor, piedad, perdón misericordia. ¡Cuán distante está de esto el régimen que ha instaurado el Caudillo! Azota, martiriza con salvajismo a los presos (…). Les juzga privándoles de los más elementales medios de defensa. Y les fusila, por último, como se mata a un perro rabioso.

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Evaristo Botella, el alcalde ejecutado

2015
01.24

Mientras que el libro escrito en paralelo a este blog encuentra editor, hay otros que afortunadamente van viendo la luz. Evaristo Botella o la justícia dels vencedors, del historiador alcoyano Àngel Beneito, no solo se centra en la misma época y en el mismo lugar, sino que se refiere a personas que interactuaron con los de esta otra historia.

Evaristo Botella o la justícia dels vencedors

Evaristo Botella fue el alcalde alcoyano del Frente Popular al que las fuerzas revolucionarias relevaron de su cargo una vez iniciada la guerra. De él la ciudad de Alcoy guardaba un buen recuerdo que el libro de Beneito se ha encargado de restaurar y argumentar: hermano de otro político que llegó a ministro, compaginó la propiedad de una pequeña imprenta con una carrera en la que jamás traicionó sus valores humanos ni sus convicciones republicanas. Según el retrato que dibuja la obra, el último alcalde republicano de Alcoy fue, ante todo, un hombre de razón, una persona que dedicó su vida a construir y defender un valor que a la postre le negaron: la justicia.

“Exiliado” en un pueblo de Valencia desde que la revolución lo había apartado del cargo, renunció a abandonar el país como había hecho su hermano el ex ministro y en cuanto Franco anunció que su España era segura para aquellos que no hubiesen cometido delitos de sangre decidió volver a Alcoy, convencido su inocencia. La denuncia de un funcionario municipal lo llevó a la cárcel habilitada en el que durante la guerra había sido el Hospital Sueco-Noruego y en la que compartiría cautiverio con mi abuelo y con mi bisabuelo. La justicia de los vencedores, a la que alude el título del libro, lo halló culpable de un delito de “adhesión a la rebelión” y lo sentenció a pena de muerte. Los testimonios de diversos falangistas que relataron cómo Botella había intercedido por ellos durante el período revolucionario solo sirvieron para que la sentencia incluyese una nota en la que proponían “a la Superioridad” que considerase un indulto que jamás llegaría.

El excelente libro de Beneito incluye la correspondencia de Botella desde la prisión alcoyana, incluida la carta que envió a Franco implorándole el perdón y sus últimas frases antes de marchar a su propia ejecución. Las notas del ex alcalde a su familia, su desesperación ante un régimen que ya le había negado la justicia y que además le iba a negar la piedad, remueven las entrañas. Evaristo Botella fue fusilado el 23 de septiembre de 1939, a las seis y diez de la mañana. En una de sus últimas notas decía lo siguiente:

“…tengo la conciencia muy tranquila de que no hice daño a nadie, y tan pronto como reine la tranquilidad y se analice mi conducta, tengo la seguridad que se premiarán mis virtudes”.

No se equivocaba, pero ha habido que esperar 75 años y para él ya es tarde. Ya que para él nunca hubo justicia, al menos que haya memoria.

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Mini Road Movie en el frente de Teruel. 2) Lidón y Escorihuela

2014
07.31

Más que hacer la ruta que en su día hizo J. con el 243 batallón de la 61ª Brigada Mixta, la deshicimos. Del lugar donde conocieron el infierno, Las Lomas de Pancrudo, nos desplazamos hasta Lidón y de allí a Escorihuela, los dos últimos pueblos que pisaron antes de su bautismo de fuego.

La iglesia de Lidón, vista desde la plaza

La iglesia de Lidón, vista desde la plaza

Desde Lidón J. escribió dos cartas, los días 21 y 23 de diciembre de 1937. Actualmente, sus vecinos presumen de que entre ellos no hubo guerra civil. El Ayuntamiento decidió que allí no se paseaba a nadie y, según cuentan, todos obedecieron. El día de nuestra visita, el pueblo apenas contaba medio centenar de almas. Entre ellas, la de Joaquín, que en 1937 descubrió los bombardeos de la aviación mientras jugaba con un amigo a la intemperie. Inocentes, creyeron que aquel avión que les sobrevolaba era como cualquier otro y no le prestaron mayor atención hasta que el suelo se estremeció y la fuerza de una explosión los alzó por los aires.

 

Casa bombardeada en Lidón

Así quedó esta casa en Lidón tras un bombardeo.

 

Joaquín recordaba que el pueblo estaba tomado por los republicanos y que eran tantos que no había sitio para alojarlos en las casas y hubo que distribuirlos en pajares. No se acordaba de ningún soldado llamado como él.

 

En el bar de Lidón

Joaquín, al fondo, junto con el alcalde y familiares

La última parada de la ruta acelerada iba a ser Escorihuela, el destino en el que J. permaneció por más tiempo: un mes y cinco días, a lo largo del cual le dio tiempo a escribir hasta seis cartas. El trayecto exigía atravesar llanuras como las que habían cabalgado los jinetes del general Monasterio.

 

Llanura entre Lidón y Escorihuela

 

Bartolomé, de 95 años, nos esperaba de pie delante de la puerta de su casa. Nada más vernos llegar, su historia comenzó a desbordarse, sin mediar saludos o presentaciones, como si hubiese estado aguardando 75 años a ser contada:

“Aquí había tanta fuerza alojada que tuvieron que empezar a meterlos en pajares por allí, por la parte alta. Por culpa de un chivatazo que hubo bombardearon un pajar en el que dormían 300 soldados y cuatro del pueblo”.

Bartolomé se acordaba sobre todo de la División Líster, la élite del ejército republicano, y de los sanitarios de la 61ª Brigada Mixta. A todos ellos los vio llegar y luego marcharse a toda prisa, derrotados, renqueantes, poseídos ya por el pánico, en lo que fue solo el principio de las grandes retiradas del frente de Aragón. Su relato manó con incontinencia, a borbotones, como una fuga de agua que no había manera de tapar. Después, una vez pasado el huracán, se relajó: “Bueno, a ver, vosotros preguntad y yo si lo sé os contesto”.

 

Escorihuela, Teruel

Escorihuela

Si hay un detalle que resume el paso de J. por Escorihuela es la anécdota que relata en una de sus cartas sobre cómo, tras lavarse la cabeza en una fuente, se le formaron carámbanos en el pelo. Al escuchar la descripción, Bartolomé indició que debía de tratarse de la Fuente de los seis caños. Había sido reformada, pero todavía estaba allí. No se me ocurría mejor lugar para acabar aquella expedición intensiva tras los pasos de J.

 

Fuente de los seis caños, Escorihuela

Este es el aspecto que tiene ahora la fuente de los seis caños.

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Mini road movie en el Frente de Teruel: 1) Pancrudo

2014
07.26

“Cuando empezó la guerra faltaban cuatro días para las fiestas. Se hicieron igualmente, pero esos días hubo el primer muerto.”
(Pepe Novellón, Pancrudo)

No sé si puedes hacerte amigo de alguien en un par de horas. Pepe consiguió que lo pensase. Le conocí por una vía insólita: a través de la tele. El programa Aragón en abierto había propuesto hacer un reportaje sobre el proyecto de Las cartas de J. Si viajaba hasta los lugares que mencionaban las cartas, ellos podían montar una pequeña ruta por diversos pueblos y contactar con vecinos en cada uno de ellos. El resultado fue una versión relámpago de viaje que yo planeaba para el futuro. Una mini road movie que concentraba en cuatro horas el recorrido al que yo había previsto dedicar dos semanas.
Panorámica de Las Lomas de Pancrudo
El primer pueblo de la ruta era Pancrudo, la localidad desde la que Joaquín escribió la última de las cartas que permitían ubicarlo en un punto concreto del frente de Teruel. Nuestro guía allí fue Pepe, un empleado del Ayuntamiento que ama todo lo relacionado con su pueblo y, en particular, aquello que tenga que ver con la memoria histórica. Él nos explicó que la ermita que una semana antes había visitado con Alan Warren y Ray Hoffman fue destruida por los republicanos en su huída. Hasta entonces la habían usado como almacén de víveres y prefirieron prenderle fuego antes que cedérselos al enemigo.

Ermita de Pancrudo

Después de que los republicanos le prendieran fuego, de la ermita solo quedaron las paredes.

A través de una pista sin asfaltar, Pepe nos condujo hasta Las Lomas, el paraje en el que Joaquín pasó los días previos al ataque de los rebeldes. Al igual que en la visita anterior, al salir del coche nos recibió un viento cortante que prohibía sacar las manos de los bolsillos salvo que hubiese un buen motivo para ello. En su punto más alto, el terreno áspero que rodea el pueblo alcanza los 1.400 metros. Allí la primavera no había llegado todavía.

Las Lomas de Pancrudo

El paisaje lunar de Las Lomas

Las Lomas no es, desde luego, el lugar idóneo para cavar trincheras en pleno invierno. Y no solo por las temperaturas bajo cero ni por el viento que multiplica la potencia del frío: su suelo rocoso constituye un desafío para el más afilado de los picos. Aquel paisaje en el que ni siquiera los arbustos encuentran la forma de crecer hacía venir a la memoria un fragmento de La guerra es bella, de James Neugass, referido a un pueblo cercano:

“El motivo por el que la gente vive en este suelo desarbolado y rocoso es más de lo que puedo imaginar. Los campesinos crean terrazas en las laderas rocosas a cambio de un pobre trigo fino. El suelo también sustenta ovejas. ¿Qué comen los campesinos? ¿De qué se han alimentado en el pasado? Los árabes y los beduinos, a pesar de su falta de techos, son más ricos. ¿Qué crimen cometieron estos campesinos? ¿Cuál es su culpa?”

Sobre aquel suelo de piedra, nuestro guía nos mostró los restos de una de las múltiples trincheras cercanas a Pancrudo, quién sabe si la misma en la que estuvo Joaquín. Las condiciones que los soldados de la 61ª brigada tuvieron que soportar durante semanas, para nosotros se volvieron insoportables en minutos. Además, empezaba a chispear. Volvimos a los coches y nos dirigimos a la siguiente parada.

Trinchera en Las Lomas de Pancrudo

Restos de una antigua trinchera en Las Lomas.

Mientras estuvieron en aquel rincón de la provincia de Teruel, Joaquín y sus compañeros de armas durmieron en el interior de parideras, construcciones de piedra hechas para albergar a las ovejas. Todavía hoy existen algunas, completamente reformadas.

Paridera en Las Lomas de Pancrudo

Aspecto actual de una de las parideras renovadas en Las Lomas

Para intentar liberarse de los piojos que los acosaban, según cuenta en una de sus cartas, acudían a lavarse a un arroyo entre dos montañas. Nuestro guía tenía claro de qué lugar se trataba.
Arroyo en Las Lomas de Pancrudo
De pie, en aquel mismo sitio, me pareció que por un segundo superponía mi figura a la de Joaquín. Juntos en el mismo espacio, aquel día solo nos separó algo que ni siquiera estoy seguro de que exista: el tiempo.

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