Evaristo Botella, el alcalde ejecutado

Mientras que el libro escrito en paralelo a este blog encuentra editor, hay otros que afortunadamente van viendo la luz. Evaristo Botella o la justícia dels vencedors, del historiador alcoyano Àngel Beneito, no solo se centra en la misma época y en el mismo lugar, sino que se refiere a personas que interactuaron con los de esta otra historia.

Evaristo Botella o la justícia dels vencedors

Evaristo Botella fue el alcalde alcoyano del Frente Popular al que las fuerzas revolucionarias relevaron de su cargo una vez iniciada la guerra. De él la ciudad de Alcoy guardaba un buen recuerdo que el libro de Beneito se ha encargado de restaurar y argumentar: hermano de otro político que llegó a ministro, compaginó la propiedad de una pequeña imprenta con una carrera en la que jamás traicionó sus valores humanos ni sus convicciones republicanas. Según el retrato que dibuja la obra, el último alcalde republicano de Alcoy fue, ante todo, un hombre de razón, una persona que dedicó su vida a construir y defender un valor que a la postre le negaron: la justicia.

“Exiliado” en un pueblo de Valencia desde que la revolución lo había apartado del cargo, renunció a abandonar el país como había hecho su hermano el ex ministro y en cuanto Franco anunció que su España era segura para aquellos que no hubiesen cometido delitos de sangre decidió volver a Alcoy, convencido su inocencia. La denuncia de un funcionario municipal lo llevó a la cárcel habilitada en el que durante la guerra había sido el Hospital Sueco-Noruego y en la que compartiría cautiverio con mi abuelo y con mi bisabuelo. La justicia de los vencedores, a la que alude el título del libro, lo halló culpable de un delito de “adhesión a la rebelión” y lo sentenció a pena de muerte. Los testimonios de diversos falangistas que relataron cómo Botella había intercedido por ellos durante el período revolucionario solo sirvieron para que la sentencia incluyese una nota en la que proponían “a la Superioridad” que considerase un indulto que jamás llegaría.

El excelente libro de Beneito incluye la correspondencia de Botella desde la prisión alcoyana, incluida la carta que envió a Franco implorándole el perdón y sus últimas frases antes de marchar a su propia ejecución. Las notas del ex alcalde a su familia, su desesperación ante un régimen que ya le había negado la justicia y que además le iba a negar la piedad, remueven las entrañas. Evaristo Botella fue fusilado el 23 de septiembre de 1939, a las seis y diez de la mañana. En una de sus últimas notas decía lo siguiente:

“…tengo la conciencia muy tranquila de que no hice daño a nadie, y tan pronto como reine la tranquilidad y se analice mi conducta, tengo la seguridad que se premiarán mis virtudes”.

No se equivocaba, pero ha habido que esperar 75 años y para él ya es tarde. Ya que para él nunca hubo justicia, al menos que haya memoria.

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